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Montevideo era una ciudad tranquila cuando vine al mundo un día de Navidad, hace muchos años. Los autos no tenían alarmas. No había semáforos en las calles, ni televisión, ni computadoras en las casas. Mis hermanos y yo íbamos al cine, a ver las películas del Gordo y el Flaco. Me encantaba el cine. Por un tiempo quise ser actriz. Más ade-lante me aficioné al dibujo y a los libros. Un día quise relatar las cosas que mi imaginación me dictaba y dudé entre ser pintora o escritora. Mientras crecía, mis dedos se hicieron más dies-tros en crear vida con palabras que con siluetas y dejé de querer ser pintora. Con el tiempo, dudas y aspiracione se juntaron para empujarme hacia el logro de mis metas, y me siguen empujando.